Deus-Mercado

«Esto es un antecedente de las Naturalezas Muertas. Personas y animales aparecen en la cuadro, pero la parte principal la ocupan las cosas inanimadas. (…) ¿Cuál es la razón de que las cosas inanimadas se conviertan en lo principal del cuadro? (…)

La pintura, primero en Flandes y en Holanda, se aparta de los motivos religiosos, para no rebajar su carácter elevado. La pintura no quiere rebajar lo elevado, y con ello no puede evitar elevar lo quotidiano. La pintura no quiere humanizar lo divino, y puede suceder que objetos fabricados por el hombre sean divinizados por ella. Lo inimaginable no debe representarse con falsas imágenes, y puede suceder que fabricaciones humanas se transporten a lo inimaginable. (…)

La palabra “fetiche”, en su origen una creación portuguesa, llegó en el siglo XVII, en pleno auge de las Naturalezas Muertas, a Holanda. Marinos narraban que en las costas de África había religiones que veneraban objetos elegidos arbitrariamente, como si fueran divinidades. Fetiches. Cosas que tienen algo divino – y no sólo significan. Tres siglos después, en 1906, escribe Marcel Mauss:

“El término ‘fetiche’ debe abandonarse definitivamente, no corresponde a nada preciso.”

De esta manera parece como si los europeos hubieran inventado una práctica religiosa que enseguida apartaron de ellos muy lejos, relegándola a los confines de su imperio comercial. Pero la palabra “fetiche” ha vuelto envolviendo con su aura cada objeto. La palabra “fetiche” designa algo que no tiene que existir, pero que tiene la fuerza de referirse a algo, apoyado en la nueva circulación monetaria.

Los europeos, los protestantes sobre todo, rechazaban totalmente que a un objeto se le pudiera atribuir una fuerza divina. Se rodeaban cada vez de más objetos, con el riesgo de convertirse en paganos. Por encima de todo: las cosas no deben tener valor por la fe, sino valor de mercado – ¿cómo fundar un comercio mundial sobre la base de la fe? Las cosas han de tener un valor que permita contabilizarlas. Una cantidad de frutos exóticos a cambio de cristal de Venecia. Cristal de Venezia a cambio de porcelana china, y así sucesivamente. Para el comercio las cosas han de significar algo, no les basta con ser. Ya no se puede pedir a la verdad mostrarse ella misma. (…)

Finalmente los objetos dan testimonio de sus fabricantes que en el acto de la producción revelan algo de su propia persona. Sin embargo, los fabricantes no aparecen con su objeto. Cuando se miran las cosas, los hombres que las fabrican resultan no-imaginables. La persona que las mira, resulta a sí mismo no-imaginable. Es el punto de partida para una nueva visión del ser humano.»

– Script do filme “Stilleben” (1997) de Harun Farocki.

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