El tercer camino entre capitalistas y comunistas

Los que optan por hacer historia y cambian el curso de los acontecimientos tienen la ventaja sobre los que decidan esperar pasivos los resultados del cambio

– José María Arizmendiarrieta.

«Y en este Mondragón, en el que había penetrado ya el virus marxista y sobre todo tenía echadas hondas raíces el liberalismo despiadado en los corazones de muchos de los dirigentes y empresarios, se creó este Centro que, sin tener un matiz sindical, ha luchado en pro de las reivindicaciones sociales y ha fomentado el espíritu de unión y hermandad (…)» (PR, I, 15-16).

«Por este motivo el derecho de propiedad deja de ser un derecho absoluto, en lo que se refiere a parte de esos bienes y de esas riquezas producidas con el concurso de todos. Deja de ser un derecho absoluto para transformarse en lo que hoy se llama un derecho de gerencia o derecho relativo (…)» (SS, II, 312).

«El foco importante de malestar en el mundo actual no está tanto en las clases proletarias, sino en las naciones proletarias; un mundo, la inmensa mayoría de los hijos de Dios, hambriento, analfabeto, expoliado en parte considerable. El problema gordo no es el de superar el capitalismo. Este es una concreción particular de un mal más universal: el egoísmo institucionalizado a escala nacional y continental» (FC, I, 284).

«Nada nos parece tan absurdo como el condenar a la mujer a la esclavitud del hogar como promover su huida del mismo» (PR, II, 139).

«De lo que se trata es de saber si podemos vivir con dignidad, y vivir con dignidad es disponer de nosotros mismos. En este aspecto no nos puede satisfacer ningún paternalismo, como tampoco nos puede complacer como seres libres ningún paraiso cerrado» (EP, II, 8).

«…hombres buenos con malos instrumentos pueden hacer algo raramente bien, y lo más lamentable y perjudicial a la comunidad no es que los malos con buenos instrumentos hagan mal, sino el que los buenos con malos instrumentos tengan que estar condenados a obrar mal. Estos instrumentos no son otra cosa que las instituciones, las estructuras, que configuran a esas instituciones» (EP, II, 10)

«Libertad, independencia y personalidad constituyen en ese fondo de su ser que llamamos conciencia lo más propio del hombre, su ser íntimo» (EP, II, 185).

«…el hombre, por su libertad, pone un coto a la acción de Dios» (EP, II, 107).

«Sagrada libertad, bajo cuya tutela el hombre se dirige, se mueve, se orienta a sí mismo mientras las otras cosas son movidas, dirigidas y arrastradas. Sagrada libertad que es la señal de su independencia, la nota característica de su personalidad» (SS, I, 185).

«Renunciar a la caridad y al amor para rendirnos ante un ídolo falso no es comportamiento humano» (FC, III, 197)

«La autonomía y la libertad precisan para su vigencia aceptable de la cooperación o concurso de todos y una neta prevalencia de lo colectivo o comunitario sobre lo individual, de lo cualitativo sobre lo cuantitativo a una con una eficiencia en la gestión y una transparencia en las relaciones de convivencia en todos los estamentos» (FC, IV, 254).

«En la cooperativa todos somos responsables de todos» (FC, IV, 149)

«Nosotros, en esta coyuntura, en tan compleja encrucijada, nos decimos y nos imponemos lo que tan acertadamente expresa una máxima ya conocida: si quieres libertad prepara la institución que la haga posible» (CLP, I, 283).

«El último acto de culto o de honor que cabe hacer a un ideal o a una virtud es su encarnación, su institucionalización, de forma que sobreviva a la voluntad más o menos versátil de sus promotores. Y el mundo progresa en la medida que se institucionalizan las exigencias morales y sociales, nobles y elevadas» (FC, I, 171).

«En este proceso de madurez tenemos que observar otro fenómeno y es que para nuestros tiempos no basta que encontremos en la plataforma social buenas personas, sino que necesitamos la creación de buenas instituciones. Y vamos a llamar buenas instituciones no solamente a aquellas que persiguen buenos propósitos, sino que ofrecen a los miembros de una comunidad las satisfacciones espirituales que estos pudieran demandar, como es una participación activa, una información completa y unas posibilidades de libertad que no pongan en entredicho la dignidad de los ciudadanos» (CAS, 227; cfr. Ib. 170).

«Uno de los principios cooperativistas universales es el de adhesión libre. Nadie puede ser obligado a incorporarse a una cooperativa, nadie permanece por imposición extraña en una cooperativa. La libertad es algo consustancial a la cooperativa» (FC, IV, 135).

«El cooperador es un socio activo, inteligente, libre y responsable; la sociedad cooperativa busca y necesita su actividad y su inteligente acción, sus iniciativas. La palabra cooperación, por otra parte, significa unión y coordinación de múltiples actividades individuales en vistas a la consecución de unos determinados fines. Cooperar es colaborar y armonizar actividades diversas, la cooperación es el polo opuesto a la imposición de una voluntad rígidamente soberana y al dominio absoluto del capital omnipotente» (FC, I, 137).

«El cooperativismo es esencialmente un régimen de solidaridad. Esta solidaridad constantemente requiere que uno practique la comprensión, la tolerancia y la colaboración con otros, prescindiendo de sus condiciones y méritos personales, lo cual exige alguna generosidad y es ya un testimonio social. Esta actitud hacia los demás tiene que alimentarse del noble deseo de dar tanto o más que se recibe y entraña una constante superación de posturas personalistas» (FC, I, 275).

«El paternalismo, cualquiera que sea su procedencia, es un estado social menos propicio para el cooperativismo. La conciencia de responsabilidad personal, de dignidad y de libertad constituyen la fuente de las energías cooperativistas junto con el sentimiento de solidaridad» (CLP, III, 39).

«Es evidente que cada comunidad tiende a tener los gobernantes que se merece; esto, referido a las empresas cooperativas, en las que los métodos democráticos son efectivos, no tiene dudas» (FC, III, 86).

«Para que seamos un pueblo maduro, un colectivo no infantil, necesitamos valorar más el estado de conciencia que regula nuestras relaciones y convivencia que otros signos de opulencia y vano prestigio» (FC, IV, 88).

«Así el remedio de los males presentes está, contra el sistema capitalista, en el reconocimiento práctico de este derecho de propiedad y su satisfacción mediante los contratos de sociedad, cuando menos, o por medio de las cooperativas o uniones de pequeños propietarios y, contra el colectivismo, en la aceptación del derecho de propiedad, que es el único que puede proporcionar al hombre esa esfera de libertad dentro de la cual puede defender su dignidad» (SS, II, 278).

«…un patrono con verdadera vocación no es el que solamente piensa en un aspecto de la empresa o de su organización, sino que simultáneamente mira a todos los aspectos de la misma y procura progresar en todos ellos. Para que tenga ascendiente sobre sus emejantes es preciso que como financiero, técnico y hombre social destaque de forma incuestionable». (CAS, 168-169).

«Tal vez para algunos es esta palabra (colaboración) una de tantas del diccionario o léxico, sin relieve particular. Tal vez para algunos hasta resulte de mal presagio. Para  mí es la clave y hasta, si queréis, el secreto  atómico, llamado a revolucionar toda la vida social. Colaboración de clases, colaboración del pueblo con sus autoridades y de las autoridades con su pueblo, colaboración de la teórica y del espíritu es el secreto de la verdadera vida social y la clave de la paz social. No basta que los patronos hagan buenas obras, hace falta que participen en las mismas los obreros; no basta que los obreros sueñen en grandes reformas, hace falta que los patronos concurran a las mismas; no basta que las autoridades se afanen y se desvivan, hace falta que se asocie a ellas el pueblo. No es posible ninguna vida social espontánea allí donde las autoridades sigan una ruta sin incorporar los obreros a la misma, la paz será cosa ficticia y en cualquier momento el engaño se trocará en sorpresa y asombro. Colaboración en todo para que todo sea fruto del esfuerzo y sacrificio de todos y la gloria sea también común. Es un desacierto, es una equivocación lamentable proyectar por otros derroteros los afanes sociales. El matrimonio es efusión, es comunión y confusión de anhelos y afanes de sacrificios y satisfacciones. Una sociedad en la que no existe esa efusión mutua de servicios y de sentimientos, no será nunca una comunidad» (EP, I, 68-69).

«Entre los gobernantes y gobernados tiene que haber una reciprocidad de atenciones, que entraña por parte de todos comprensión y apertura hacia los defectos propios y ajenos con  espíritu de  superación. El diálogo debe ser permanente. La toma de conciencia de los propios deberes no permite paréntesis ni desfases. Tiene que hacerse en perfecta sincronización por unos y otros. (…) Ni hombres omniscientes ni órganos omnipotentes.» (FC, II, 132)

«El movimiento cooperativo, de naturaleza esencialmente democrática, acepta la coexistencia con otras  fórmulas, siempre y cuando que la superestructura institucional se ajuste a las leyes del juego democrático, de forma que a través de la plataforma política, pueda este movimiento lograr la igualdad instrumental de los medios financieros y otros recursos y, particularmente, convocar a los hombres a integrarse en una acción de transformación de estructuras en que el actor principal es la persona que interviene con su trabajo a través de la  vía de solidaridad. En una palabra, hacen suyo el slogan “no cabe democracia en lo económico, sin pluralidad en lo político”» (FC, III, 31).

«…una monstruosidad social el que se tolere un sistema de organización social en el que algunos puedan aprovechar el trabajo ajeno para exclusivo provecho propio» (FC, I, 40).

«Hoy de la fórmula cooperativa hemos de afirmar que es la más idónea entre nosotros para canalizar el afán de superación compartido en escala social o comunitaria y para promover mediante la cooperación leal y socialmente compartida un desarrollo continuo y progresivo. (…) La  capacitación de los hombres, la sensibilización hacia formas de más implicación solidaria y un sentido práctico en la administración de los limitados recursos disponibles» (FC, III, 186).

«…el socialismo es la  fórmula mágica que se vocea (…) como solución a toda problemática humana, pero siempre apelamos a un socialismo distante, que se mueve a impulsos de la actuación estatal» (FC, III, 21).

«La concepción y la visión cooperativa entraña un gran respeto a la persona y a la comunidad simultáneamente. Es una posición equidistante entre el individualismo y el colectivismo anónimo, indefinido. Entraña un permanente esfuerzo de equilibrio y por ello requiere una conciencia permanentemente alimentada o actualizada de valores personales y comunitarios (FC, IV, 12).

«(El cooperativismo) es el tercer camino de promoción equidistante del capitalismo individualista y del colectivismo sin alma. Su centro y eje es la persona humana con su contexto social.» (FC, I, 70).

«Como proceso de experiencia y promoción humana que es el cooperativismo debemos concebirlo como una síntesis de las conquistas humanas precedentes en todos los campos. A este respecto el cooperativismo, como espíritu y doctrina, hace suya la conciencia de libertad que en su día proclamó e impuso en los dominios del  espíritu humano el liberalismo, así como también la sensibilidad social y la honda preocupación por la justicia y la consiguiente igualdad humana de cuyas exigencias han sido portavoces los diversos movimientos sociales más o menos colectivistas» (FC, II, 190).

«Es el tercer camino distinto del capitalismo egoísta y del socialismo  mastodóntico y despersonalizante. Nosotros queremos cooperativas que constituyen este nuevo potencial social y, por tanto, constituidas por quienes no vayan impulsados por un  egoísmo miope y cerrado o por un simple instinto gregario» (FC, III, 55).

«…el Cooperativismo es una fórmula, si bien no la única ni la mejor en todos los casos. Pero que en la coyuntura en la que entramos puede tener entre nosotros mucho interés.» (FC, III, 186).

«El cooperativismo no es el remedio universal de los males, no es la fórmula de aplicación universal» (FC, IV, 30).

«Para llegar a la movilización de las  energías humanas más valiosas, es preciso superar las posiciones paternalistas, que de ordinario enervan más que activan dichas energías. El radicalismo del planteamiento cooperativo cara al desarrollo, apelando al concurso integral, laboral y económico, personal y comunitario, de sus adeptos, impone la alternativa del éxito o del fracaso más rotundo; presupone  espíritus fuertes o, cuando menos, hombres resueltos a jugar el todo por el todo. Por eso mismo, concluye, no es  fórmula apta para todos; pero el mayor error que pudiéramos cometer es el de situar sus exigencias al nivel de los más débiles, en cuyo caso será imposible que se alcancen niveles elevados. No debemos concebir nunca la fórmula cooperativa como algo de aplicación indiscriminada y universal: ni cara a los diversos campos de actividad económica, ni a los hombres de todos los estilos y disposiciones. Para que se pueda hablar de buena e interesante contribución del cooperativismo al desarrollo no es preciso que sea  así. Hemos de estar dispuestos a vivir en una sociedad pluralista bajo todos los conceptos. Hemos de admitir la coexistencia del capitalismo y del cooperativismo, como también la utilidad de las más variadas  fórmulas paternalistas de asistencia social, de promoción educativa o cultural. Lo que pedimos es que el contenido de esa acción, de la más variada procedencia y estilo, tienda siempre a promover todo el potencial del hombre, de sus facultades, y por tanto le induzca a asumir plenamente sus responsabilidades y a poner en juego todas sus posibilidades» (FC, II, 191-192).

«Con nuestra  decisión hemos afirmado la capacidad que tenemos de gobernarnos por nosotros mismos, sin intermediaciones o paternalismos extraños. Es esta voluntad la que ha dado origen a nuestras empresas comunitarias. (…) No jugamos a empresarios, somos trabajadores que nos hemos propuesto ser empresarios.» (FC, III, 46-47).

«…debemos ir avanzando en ese principio socialista que dice: “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”» (EP, 217).

«Los dos grandes grupos ideológicos en que está repartido el mundo basan en dos versiones dictatoriales su búsqueda del avance de la sociedad. Por una parte los comunistas, con la teoría de la dirección del partido, y los capitalistas con una  ideología tecnocrática. (…) Pero analizando su vida de trabajo, los dos viven en empresas donde el poder está fuera de ellos. En las estructuras comunistas el poder está en el partido y en las capitalistas en el gran capital» (FC, IV, 169-170).

– Joxe Azurmendi, “El hombre cooperativo – Pensamiento de Arizmendiarrieta“.

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Bibliografia:
ARIZMENDIARRIETA, José María,  “Obras completas”,  Caja Laboral Popular, s/f.,  edición multicopiada restringida, preparada por J.M. Mendizábal, en 15 volúmenes:
CAS — Conferencias de Apostolado Social (Impreso), 1978.
CLP — Caja Laboral Popular,  3 vols.
EP — Escuela Profesional, 2 vols.
FC — Formación Cooperativa,  4 vols.
PR — Primeras Realizaciones, 2 vols.
SS — Sermones, 2 vols.
— Varia,  1 vol. (en euskara).

Cronologia:
1940 – José María Arizmendiarrieta es ordenado sacerdote por Lauzurica.
1941 – El sacerdote es asignado a una parroquia en Mondragón como coadjutor auxiliar.
1943 – José María Arizmendiarrieta creó una Escuela Profesional Politécnica.
1956 – Arizmendiarrieta selecciona a cinco jóvenes que trabajaban en la empresa Unión Cerrajera (Usatorre, Larrañaga, Gorroñogoitia, Ormaechea y Ortubay) y constituyen entre todos la empresa Talleres Ulgor (el nombre resulta de un acróstico de sus apellidos). Ulgor se convertiría con el tiempo en Fagor Electrodomésticos, el embrión industrial de la Corporación Mondragon.
1959 – Caja Laboral, cooperativa de crédito española.
1966 – Entidad de Previsión Social Lagun Aro, compañía aseguradora.
1969 – Eroski, fruto de la fusión de nueve cooperativas de distribución locales.
1974 – Centro de Investigación Ikerlan.
1976 – Arizmendiarrieta murió en 1976 en Mondragón.
1984 – Grupo Cooperativo Mondragón (GCM), distribuido en cuatro áreas: Conocimiento, Industria, Finanzas y Distribución. A finales de 2014 contaba con 74.117 trabajadores, 103 cooperativas, 125 filiales productivas, 8 fundaciones, 1 mutua, 10 entidades de cobertura y 13 servicios internacionales.

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